domingo, 6 de junio de 2010

El cuento del niño, el anciano y el burro

Mi padre me ha contado muchas veces una historia que le han contado. Te la cuento. Tal vez ya la conoces porque alguien a quien se la han contado te la ha contado.
Un anciano y un niño caminaban arreando un burro. En su camino se cruzaron con un hombre que al verlos les dijo: - ¡Qué tontos! ¿Por qué van caminando teniendo un burro? Tendrían que montar en él-. El anciando reflexionó mientras el hombre se alejaba y siguiendo el consejo subió al niño al burro y luego montó él también.
Continuaron andando hasta toparse con otra persona que comenzó a gritarles apenas verlos: - ¡Desconsiderados! ¡Qué mal les ha hecho el burro para abusar de él de este modo! Sólo puede llevar a uno de los dos... de lo contrario será mucho peso y el animal quedará exhausto-. Con cara de culpa y pidiendo disulpas el anciano bajó del burro.
Avanzaban el niño montado en el burro y el anciano caminando a su lado, contentos de estar haciendo lo correcto, cuando otro hombre, joven y tranquilo se cruzó con ellos. Habló serenamente: -Anciano, has caminado mucho a lo largo de la vida y ya no eres tan fuerte ¿por qué no montas en el burro? El niño te muestra muy poco respeto actuando de este modo-. Así que  intercambiaron la montura. Y continuaron el anciano sobre el burro y el niño caminando a su lado.
Caía la noche cuando una cuarta persona apareció en la penumbra. - Este burro se ve débil- les dijo - No deberían montarlo-. Y se alejó mientras el anciano, dubitativo, desmontaba. 

Hagas lo que hagas siempre te encotrarás con gente que no estará de acuerdo con lo que haces.

¿Intentas satisfacer siempre a todos? ¿Actúas en función de la opinión de los demás? ¿Qué piensas del cuento?
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lunes, 31 de mayo de 2010

La ocasión

El epílogo de un libro de  Manuel Cruz cuenta la anédota de un hombre a quien le habían regalado una botella de un excelente vino. Considerando muy valioso el obsequio decidió reservarlo para una ocasión especial. Habían pasado ya más de treinta años desde que le habían regalado ese vino y todavía no había encontrado el acontecimiento que mereciera abrirlo. 
¿Llegaría algún día? ¿Cómo tendría que ser de especial el hecho para justificar descorchar la preciada botella?

Me pareció una reflexión fascinante. Esperamos que los acontecimientos nos indiquen si son lo suficientemente merecedores de festejo, de nuestro brindis. Pero tal vez es simplemente cuestión de decidir que un determinado momento, sea cual sea, merece ser festejado. Creemos que será tan especial, tan distinto de todo lo que acontece que esperando nos perdemos el vino. 

Pretendemos que algo externo nos indique cuál es la ocasión adecuada. Nos resignamos a esperar y renunciamos a la libertad de elegir. Perdemos de vista que la cuestión está en decidir que un momento dado es especial y en vivrlo como tal. Y entonces bebernos el vino.

¿Encuentras en tu vida ocasiones para brindar?
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miércoles, 26 de mayo de 2010

La decisión es nuestra

Hay un dicho popular que dice Dos no pelean si uno no quiere. Como la mayoría de los dichos,  tiene algo de cierto.
¿Cuantas veces nos encontramos discutiendo sin querer hacerlo? Una persona nos hace un comentario mordaz para que contestemos. ¿Pensamos antes de saltar automáticamente con otro comentario que tal vez no haga más que aumentar el tono de la disputa? Cuando nos agreden verbalmente ¿reaccionamos de forma automática con agresividad? ¿o respiramos profundamente y elegimos qué hacer?

La decisión es nuestra. Podemos decidir contestar aún peor y devolver la estocada por la espalda. Pero si preferimos podemos elegir no pelear.
  • Podemos optar por callar e ignorar el comentario.
  • Podemos decir ahora no quiero hablar de ésto, si es un tema que necesita ser tratado.
  • Podemos repreguntar para bajar la intensidad. Un ejemplo: Quien inicia: -Veo que hoy molestas tanto como siempre. Nosotras: -¿A qué te refieres concretamente con molestar? ¿Podrías especificarlo? Dicho siempre en un tono tranquilo que no implique ironía sino ingenuidad. El tono de voz es fundamental. 
  • Podemos sonreir en silencio.
  • Podemos cambiar de tema. Nuevamente el tono de voz es la clave. Hablar sobre el tiempo es un recurso siempre a mano. ¡Qué calor! Hace días que no llueve...
  • Podemos explicar Tu comentario me ha molestado.
  • Podemos aclarar Mientras me estés gritando no pienso conversar contigo.

Las variantes son muchas y cada una puede crear la propia según la circunstancia. La decisión es nuestra.

¿Cuál es la tuya? ¿Qué recursos utilizas ante una agresión verbal cuando no quieres pelear?
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lunes, 17 de mayo de 2010

Orden o desorden. Esa es la cuestión.

Existen muchos puntos de vista sobre el orden y el desorden. Hay ámbitos donde se relaciona el orden con la eficacia y la productividad. Hay otros donde el desorden no es símbolo de pereza sino de ser una persona creativa y espontánea. El Feng Shui posiblemente vincule el orden con la armonía y el bienestar.

Una interpretación que me resulta interesante es el concepto de que tanto orden como desorden, cuando son extremos, están relacionados con el ansia de controlar.

Si necesitamos que todo esté exactamente en su sitio permanentemente puede que tal nivel de rigidez nos haga perder el placer de disfrutar situaciones porque estamos controlando si todo está donde nosotros consideramos que debe estar.


Sin embargo el desorden profundo (el problemático, el que nos angustia, el que identificamos como algo desagradable) también puede asociarse a la idea de querer tener más de lo que uno puede manejar, o sea querer controlar más de lo que podemos. Para expresarlo mejor, como no admitimos que sólo podemos organizar / trabajar / sostener / mantener / manejar / controlar una limitada cantidad de cosas, no controlamos nada. Para poder ordenar posiblemente necesitemos descartar o eliminar, abandonar, deshacernos de, hasta quedarnos con un volumen de cosas / objetos / temas / elementos / posesiones que podamos manejar. Esto es reconocer que sólo nos quedaremos con una cantidad limitada porque no podemos controlar todo (nada, todo es lo mismo). A veces el desorden tiene que ver con no poder tomar decisiones o no poder desahcernos de cosas, con querer abarcarlo todo, controlarlo todo, conservarlo todo.

No sé si hay proverbio zen que diga "no tengas más platos de los que puedas lavar", pero esa es la idea.

Creo que hay un problema cuando nuestro grado de orden o desorden nos coarta y nos incomoda, nos priva de espacio y de tiempo para disfrutar otras cosas.


¿Qué piensas?
¿Te vendría bien descontrolar un poco, permitir que algo se salga de sitio, actuar de forma inesperada?
¿O te iría mejor ver qué pasa al darle un sitio a algo (en el armario o en nuestra vida) y tomar la decisión de colocarlo allí?

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lunes, 10 de mayo de 2010

El dolor existe

"No quiero que tengan un perro, porque después se muere y las niñas sufren" escucho decir a una madre joven. Es verdad. Los perros mueren. Las personas también.
La vida es placer y es dolor.

Comprender que los animales mueren es parte de lo que podemos aprender en la infancia si la compartimos con una mascota. Un niño (y un adulto) puede sentir dolor por la muerte de su perro, como lo sentirá algún día por la muerte de sus abuelos, padres, hermanos, amigos... ¿Tiene sentido privarlo del placer, la compañia, el juego y el aprendizaje que el animal puede darle, sólo para evitarle la experiencia de su muerte y el dolor que pueda provocarle?

La muerte existe. La muerte de un perro en la infancia es una forma de empezar a entenderla.

El criterio de que se mueren como razón para no tener un perro, no sólo se lo he oído a esa mujer, también a otras dos personas. En ambos casos habían tenido uno, había muerto y no querían volver a pasar por ese dolor nunca más.  Me pregunto si la muerte de un amigo les llevará a no tener amigos nunca más.


Todos los que amamos experimentarán dolor. Privar a un niño de una mascota no va a evitarlo.


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