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lunes, 17 de mayo de 2010

Orden o desorden. Esa es la cuestión.

Existen muchos puntos de vista sobre el orden y el desorden. Hay ámbitos donde se relaciona el orden con la eficacia y la productividad. Hay otros donde el desorden no es símbolo de pereza sino de ser una persona creativa y espontánea. El Feng Shui posiblemente vincule el orden con la armonía y el bienestar.

Una interpretación que me resulta interesante es el concepto de que tanto orden como desorden, cuando son extremos, están relacionados con el ansia de controlar.

Si necesitamos que todo esté exactamente en su sitio permanentemente puede que tal nivel de rigidez nos haga perder el placer de disfrutar situaciones porque estamos controlando si todo está donde nosotros consideramos que debe estar.


Sin embargo el desorden profundo (el problemático, el que nos angustia, el que identificamos como algo desagradable) también puede asociarse a la idea de querer tener más de lo que uno puede manejar, o sea querer controlar más de lo que podemos. Para expresarlo mejor, como no admitimos que sólo podemos organizar / trabajar / sostener / mantener / manejar / controlar una limitada cantidad de cosas, no controlamos nada. Para poder ordenar posiblemente necesitemos descartar o eliminar, abandonar, deshacernos de, hasta quedarnos con un volumen de cosas / objetos / temas / elementos / posesiones que podamos manejar. Esto es reconocer que sólo nos quedaremos con una cantidad limitada porque no podemos controlar todo (nada, todo es lo mismo). A veces el desorden tiene que ver con no poder tomar decisiones o no poder desahcernos de cosas, con querer abarcarlo todo, controlarlo todo, conservarlo todo.

No sé si hay proverbio zen que diga "no tengas más platos de los que puedas lavar", pero esa es la idea.

Creo que hay un problema cuando nuestro grado de orden o desorden nos coarta y nos incomoda, nos priva de espacio y de tiempo para disfrutar otras cosas.


¿Qué piensas?
¿Te vendría bien descontrolar un poco, permitir que algo se salga de sitio, actuar de forma inesperada?
¿O te iría mejor ver qué pasa al darle un sitio a algo (en el armario o en nuestra vida) y tomar la decisión de colocarlo allí?

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lunes, 26 de abril de 2010

La mujer sana

Un libro que me acompaña desde hace muchos años es el maravilloso Mujeres que corren con los lobos de Pinkola Estés. La autora explica que cuando las mujeres nos desconectamos de esa fuerza interna femenina que llama la mujer salvaje nos sentimos impotentes, dubitativas, temblorosas, bloqueadas e incapaces de seguir adelante.Cuando perdemos esa conexión natural con la psique de la mujer ancestral abandonamos nuestra creatividad y somos incapaces de controlar el propio ritmo o de imponer límites. 


Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento. En cambio, la separación de la naturaleza salvaje provoca que la personalidad de una mujer adelgace, se debilite y adquiera  un carácter espectral y fantasmagórico...Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje.
Te invito a comentar tu experiencia con esa fuerza interna femenina que es la mujer salvaje 

martes, 20 de abril de 2010

El miedo a decir no

Hay un miedo especial a tener que adoptar una postura firme para mantener las propias ideas, expresar las necesidades o sentimientos, reclamar los derechos.... Un caso muy frecuente es el miedo a decir no.
Este texto de José Antonio Marina nos trae el recurrente tema de que a veces decir no o poner límites es parte de expresar nuestros deseos y nuestra identidad.  Este temor a hacer respetar nuestro espacio o nuestros derechos no siempre se manifiesta en todas las situaciones, sino de forma selectiva. Miedo a sostener nuestra postura frente a tal persona. O a reclamar derechos en un ámbito específico.

Una variante del miedo a decir no, es el miedo a decir no a la continuidad de una situación. Por ejemplo a terminar una relación o cambiar de trabajo. En estos casos el miedo a decir no a que la situación existente continúe puede estar sustentado por el miedo a lo desconocido, a la soledad, a lo diferente, al cambio.

Existen muchas formas de afrontar los miedos, el primer paso, como en todo, es aceptar que los sufrimos. Es importante reconocer que el miedo como emoción es básico para nuestra superviviencia. Sólo cuando se convierte en permanente o se manifiesta en forma desproporcionada ante estímulos que en realidad no representan ningún riesgo es cuando se convierte en un problema que afecta nuestra calidad de vida.

azul lunar ofrece encuentros para aprender a gestionar nuestra relación con el miedo