miércoles, 3 de noviembre de 2010

Conflictos

Cuando se nos plantea un conflicto saber lo que queremos puede ayudarnos a entender hacia dónde vamos.

En los conflictos propios de las relaciones con otras personas, seguramente actuaremos en funcion de qué es lo que queremos. Por un lado hay un primer nivel: por ejemplo pintar la pared de gris, que seguramente no coincide con lo que la otra persona quiere, por ejemplo pintar de blanco. Esta falta de coincidencia ha generado el conflicto. Pero por encima hay otro nivel de cuestionamiento de lo que queremos que ya no tiene que ver con aquella situación que provocó la discusión, sino con el conflicto en sí. ¿Qué es lo que queremos? ¿Queremos discutir o llegar a un acuerdo? Nuestra estrategia será totalmente distinta en un caso o en otro. 

Si  lo que queremos es pelear, aumentaremos el conflicto. Por ejemplo, mencionando diferencias anteriores, en otros ámbitos que nada tienen que ver con éste. O acusando a la otra persona de cosas que van más allá del tema en cuestión. O buscando argumentos insostenibles. O agrediendo a la otra parte.
Si, en cambio, lo que queremos es llegar a un acuerdo, nuestra actitud tenderá a una comunicación más efectiva, al diálogo, a la negociación. Por ejemplo aceptaremos que para llegar a una solución favorable para todos ambas partes deben ceder un poco y tratar de comprender la postura de la parte contraria. Intentaremos escuchar propuestas.
¿Cuántas veces una discusión pequeña sobre el color de una pared termina generando un conflicto mayor, porque nos centramos más en marcar las diferencias o en meter el dedo en la llaga que en llegar a un acuerdo? A veces incluso no podemos llegar a un acuerdo, pero podemos igualmente decidir dejar de discutir. (Podemos por ejemplo abandonar la idea de pintar la pared)
¿Qué es lo que buscas? ¿Resolver el conflicto o ganar? ¿Llegar a un acuerdo o discutir más fuerte?

Puedes observar cómo cambian tus estrategias frente al conflicto dependiendo de qué es lo que buscas.
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miércoles, 6 de octubre de 2010

Otro punto de vista

NECESITAR. Frecuentemente decimos que necesitamos cosas. Necesitamos tener, hacer, comprar, ser ésto y lo otro. La conciencia de necesitar puede ser generadora de motivaciones, acciones, cambios y crecimientos. También es una perspectiva que mira hacia lo que no hay. Es la que la sociedad nos invita a practicar. Es la que muchas veces usamos sin pensar, suponiendo que es la única. Como si  focalizar en lo que se necesita fuera la forma predeterminada de vivir.

Pero formas de encarar la vida hay muchas, y no es indispensable hacerlo siempre de la misma manera. Cambiar de perspectiva nos aporta, como mínimo, una experiencia nueva. Por ejemplo se puede experimentar mirar hacia lo que hay. Tomar conciencia de lo que tenemos, lo que compramos, lo que hacemos, lo que somos. Podemos cambiar la pregunta y considerar ¿Qué NO necesito?

Saber qué es lo que uno no necesita ayuda a limpiar no sólo el armario de los zapatos sino las actividades frenéticas, los amigos falsos, las preocupaciones que no son tales, las ansiedades, los malos recuerdos y mucho más. Puede servir para deshacernos de cosas materiales, ahorrar dinero comprando menos, tener más tiempo libre, etc. O incluso puede relajarnos la idea de que algunas de las cosas que hoy son parte de nuestra vida podrían dejar de serlo y no pasaría nada porque en realidad no las necesitamos. 

¿Qué NO necesitas de lo que tienes?
¿Qué NO necesitas de lo que compras?
¿Qué NO necesitas de lo que haces?
¿Qué NO necesitas de lo que hay ahora en tu vida?
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lunes, 27 de septiembre de 2010

Merecido descanso

Necesito un descanso. Cuántas veces decimos esta frase. Cuántas prestamos realmente atención a lo que estamos diciendo. Descansar es una forma simple de reponer energías. Todas y todos necesitamos recuperar vitalidad de vez en cuando, recargar las pilas, descansar. 

El descando básico diario se asocia con dormir. Pero no siempre dormir es un descanso. Lo es si el cuerpo se relaja, DESCANSA, y se recupera. Si la mente libera pensamientos que nos preocupan, aliviando nuestras tensiones para despertar con las ideas maceradas. Que dormir sea un buen descanso dependerá de las condiciones de nuestro sueño.

Estan también los descansos pequeños. No sólo una pequeña siesta, sino descansar la vista unos segundos cerrando los ojos o mirando lejos; descansar el cuerpo con algunas respiraciones profundas, si realizamos un actividad física importante; descansar la mente poniendo atención en otra cosa, si estamos estudiando.
  
Pero hay otros descansos más sutiles. Como cuando necesitamos descansar de alguien o de una situación. Son descansos a veces difíciles de asumir o que puede resultar molesto reconocer.  Pero son tan regeneradores como un buen sueño. Descansar de un/a amigo/a. Descansar de los hijos, alejándonos de ellos un momento (un día, una hora, quince minutos, lo que se pueda). Descansar de los padres. Descansar de la pareja (Encuentro muy saludable unos pocos días de vacaciones independientes, aunque más no sea un fin de semana). Descansar para volver renovados, con más energía para compartir.  

Si nos acostumbramos a prestar atención a nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro estado de ánimo para reconocer cuando estamos necesitando un descanso y tomamos la decisión de respetarlo, es muy probable que comencemos a relacionarnos más sanamente con las personas y con las situaciones de nuestra vida cotidiana.

¿Descansas cuando lo necesitas?
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lunes, 20 de septiembre de 2010

El sutil encanto de la soledad

En la sociedad actual la soledad disfrutada tiene poco rating. Vivimos en un mundo donde quienes tenemos posibilidades de acceso a la tecnología y el consumo estamos en contacto con otros casi permanentemente. Nos juntamos con más gente ya sea de forma presencial o por teléfono o por chats o por la via unidireccional de la televisión o la radio. La soledad parece haber tomado el rol de un hueco oscuro y peligroso que hay que evitar.  Cuando no nos vigilan las cámaras del metro nos envían SMS publicitarios que no hemos pedido. Cuando no conversamos con alguien nos instalamos horas frente a la pantalla plana. Sin embargo muchas veces en esa red ficticia estamos solos, pero en una soledad que intentamos esquivar con cuanto medio de comunicación tengamos a mano. Como si le tuvieramos miedo. Como si estar sólo fuera un estigma. No por nada muchos compiten para ver quién tiene más amigos en facebook. 

Sin embargo podemos atrevernos a mirar la soledad con buenos ojos. Un momento de soledad honesta es una posibilidad de encontrarnos con nosotros mismos. A solas podemos asomarnos a ver qué pensamos realmente, qué deseamos o cómo somos. A solas podemos crear desde nuestro interior. A solas empezamos a separar nuestra voz de influencias ajenas. A solas podemos separar lo impotante de lo que no lo es.

Tomarse unos minutos al día para estar con uno mismo y nadie más ni nada más (no encender la tele, no aprovechar para llamar a alguien). Sólo unos minutos y ver qué encanto sutil encontramos en nuestra soledad personal. Es un hábito que vale la pena experimentar.

¿Cómo te llevas con la soledad?
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lunes, 13 de septiembre de 2010

Lo que está en nuestras manos

Constantemente escucho gente exigiendo cambios en los demás pero incapaces de decidirse a variar un milímetro su posición. Tienen que entender, tienen que cambiar, tiene que hacer ésto o lo otro  reclaman. Tal vez olvidamos que las otras personas en cuestión son libres de decidir qué hacer y que harán lo que quieran o lo que puedan. 

Podemos patalear durante años pretendiendo que Fulana/o actúe como decidimos que debe actuar. Pero nuestros deseos no tienen por qué ser órdenes ni parámetros para otra persona. Nos puede parecer obvio que lo natural (para nosotros) es que actúe de tal o cual modo. Pero la otra persona puede decidir no actuar así. Entonces es donde nos queda la alternativa de dejar de pretender manejar las motivaciones de otros como si fueran marionetas cuyos hilos nos pertenecen. Es el momento de preguntarnos  Qué voy a hacer yo ante esta situación. Y podremos elegir empezar a resolver en el ámbito en que podemos, es decir en el de NUESTRAS acciones, no en las de otros. 

Qué difícil nos resulta aceptar que los demás son libres de actuar como les parezca. Y nosotros a decidir qué haremos con nuestras propias acciones en función de la situación.

Me contaron una historia de una mujer que quería que su amante le llevase flores. Exigía que así fuera y no hacía más que quejarse y sufrir constantemente por la flores que no recibía. Tanta energía ponía en señalar su carencia floral que se cegaba. No era capaz de ver sus opciones. Por ejemplo: dejar de esperar flores, o regalarlaselas ella, o ir a comprarlas, o pedírselas a otra persona, o dejar a su amante y encontrar a alguien que sí se las lleve, o reconocer que había decidido amar a alguien que no regalaba flores (eso sí, todos los días la abrazaba y le decía que la quería, pero no le regalaba flores).

¿Te quedas atada a tus ideas de cómo deben actuar los demás? ¿O intentas ver qué puedes hacer tú con lo que sucede?
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lunes, 6 de septiembre de 2010

Una cuestión de formas

Cuántas veces expresamos lo que no queremos en lugar de lo que sí. O nos quejamos de lo que otra persona no hace en lugar de decirle lo que queremos que haga.

En la relación entre dos personas la comunicación es fundamental. Para que esa comunicación nos enriquezca es sano que se base en el diálogo y no sólo en las quejas y los reproches. Cuando protestamos frente a otra persona enumerando todo lo que no hace o no dice sólo estamos expresando nuestro disgusto. Esto puede servirnos como descarga. Pero si lo que buscamos es el acuerdo y el diálogo, un buen camino es enunciar lo que queremos.

Para esto es bueno estar en calma, saber qué es lo que queremos y plantearlo. No es lo mismo decir "¡Nunca riegas las plantas!"  con enfado y voz de queja profunda, que decir "Yo quiero que nos turnemos para regar las plantas". La segunda opción es mucho más difícil, porque implica mostrar honestamente los deseos y las necesidades, pero es la que nos permitirá dialogar y llegar a un acuerdo (o no).

La queja no nos expone, es más defensiva y no requiere ser honesto con lo que se busca. Plantear quiero tal cosa o necesito la otra puede costar más, especialmente si no nos resulta habitual. Además puede suceder que el interlocutor no quiera o no pueda satisfacer nuestros deseos. Puede contestarnos que no está de acuerdo con turnarse para regar las plantas o que no sabe cómo hacerlo o que no le interesa tener plantas si va a tener que regarlas. Entonces podremos sumergirnos en un diálogo sincero para encontrar una solución satisfactoria para ambas partes. Suponiendo que eso es lo que nos interesa.

Ahora si lo que realmente nos importa es protestar, si lo que  único que nos motiva es enumerar todas las cosas que la otra persona no hace como esperamos... podemos seguir quejándonos...

¿Cómo planteas las cosas? ¿Protestas o explicas lo que quieres?

lunes, 30 de agosto de 2010

Etiquetas o Post - It

Cuando conocemos a alguien solemos hacernos una primera impresión de la persona y colocarle una etiqueta. Después, a medida que pasa el tiempo le agregamos otras. También nos auto-etiquetamos. Pero con el tiempo, en algunos aspectos, la gente cambia (o al menos, algunas personas cambian). La costumbre nos hace seguir leyendo la etiqueta que hemos puesto hace tiempo. Cuantas veces tenemos catalogada a una persona y ni nos molestamos en observar qué encontramos ahora, cómo la vemos después de que ha pasado mucho tiempo desde esa primera impresión. 

A veces no es que la persona cambie sino que nosostras cambiamos nuestra forma de mirar, nuestra manera de acercarnos y conocer. Al cambiar nuestros valores puede cambiar nuestra valoración de las personas. Puede que en algunos casos nos venga bien desetiquetar, y volver a ver qué nos encontramos en ese ser humano que etiquetamos tiempo atrás. Por eso propongo recurrir a los Post-it. Esos cuadraditos de papel de poner y sacar que no se adhieren tan fuerte como una etiqueta nos permiten volver a juzgar una primera impresión. Porque tal vez el juicio que hicimos de alguien con la primer sensación ya no nos sirva para relacionarnos con esa persona ahora (o para dejar de relacionarnos).

¿Etiquetas a las personas? ¿Cambias esas etiquetas alguna vez?
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miércoles, 25 de agosto de 2010

Observación corporal

Mucho se habla del autoconocimiento. ¿Pero cómo conocernos? Un camino básico para conocernos es observarnos. Por ejemplo observar el cuerpo. ¿Pero qué es observarse? No se trata de mirarse al espejo, aunque es un muy buen primer paso, sino de notar como esta el cuerpo. 

El cuerpo es un reflejo de nuestra vida, de nuestro estado de ánimo, de nuestra salud, de nuestra forma de estar en el mundo. Si le prestamos atención, nos puede dar mucha información personal. Nos avisa, por ejemplo, que necesitamos descansar. Pero además puede mostrarnos enfados o angustias de las que no somos del todo concientes (¿ese desorden digestivo es porque algo que comimos nos cayó mal o por lo mal que nos cayó la noticia que nos dieron? ¿esa molestia es por un mal movimiento o por los nervios de la reunión de mañana?)  
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Hace unos años aprendí un ejercicio que consiste en observar dónde ponemos el peso y cómo nos sotenemos. En cualquier momento en que estés de pie, intenta identificar cómo está tu cuerpo:  ¿Te sostienes por el apoyo de tus pies sobre la tierra? ¿O sientes que todo el cuerpo cuelga de los hombros? ¿Dónde estás haciendo la fuerza? ¿Sientes que tiras de las cervicales hacia arriba? ¿Tienes la cadera contraída y rígida? ¿Cae el cuerpo sin la tonalidad vital? ¿Está relajado y flexible? ¿La cabeza cuelga hacia abajo, se hunde entre los hombros, o se apoya suavemente mirando hacia adelante?

Es interesante saber si pasas más tiempo mirando al suelo o mirando a la vida de frente.  


¿Qué te dice tu cuerpo? ¿Qué observas en tu postura corporal?
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miércoles, 18 de agosto de 2010

Estar donde estamos

Estamos donde estamos. ¿Estamos donde estamos? ¿Esta nuestro pensamiento aquí o en otra cosa, en otro sitio, en otro tiempo? Infindidad de veces se ha dicho y se ha escrito que el único momento que existe es el presente. El pasado ya pasó y el futuro no ha llegado todavía. Es sólo en el presente donde podemos estar. 

El ritmo de vida actual no valora mucho estar donde se está. Sin ser muy concientes de ello estamos muchas veces en el futuro: haré esto, me compraré lo otro, cuando esté de vacaciones... O nos perdemos en la nostalgia del pasado. Puede sernos muy agradable recordar momentos que han pasado, pero no vivir permanentemente en lo que ya fue. Del mismo modo, es motivador pensar a futuro... mientras vivimos el ahora.

En algun momento del día, o en varios, podemos intentar concientemente estar donde estamos. Pensar en ese momento que estamos viviendo, prestar atención a los sentimientos y sensaciones que estamos experimentando (no a los que podríamos experimentar o a los que antes hemos tenido, sino a los de ahora)  

Ahora estoy aqui. Con lo que pienso ahora, con lo que siento ahora, con las emociones y sensaciones que me acompañan ahora, con lo que toco y huelo y veo y escucho y saboreo ahora.


¿Estás donde estás? ¿Estás haciendo una cosa y pensado otra durante todo el día? ¿Estás en un sitio y añorando otro permanentemente? ¿Qué emociones y sensaciones tienes ahora?
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miércoles, 11 de agosto de 2010

El cambio y el entorno

Cuando se habla de cambio es importante tener en cuenta el impacto del cambio en nuestro entorno. Esta expresión se aplica en el contexto ecológico, pero es relevante también cuando de cambios personales se trata.

Un cambio personal, tanto si es voluntario como impuesto por las circunstancias, tiene repercusiones siempre en alguna medida en quienes forman parte de nuestro entorno cercano. Si estamos atravesando un cambio en nuestra vida, nos ayudará saber que va a afectar a los demás. Un cambio de hábitos, una nueva perspectiva, una modificación en nuestra escala de valores influirá en aquellos con quienes nos relacionamos cotidianamente. En algunos casos lo hará de forma leve, casi imperceptible. En otros lo hará de forma contundente. 

Vayamos a los ejemplos: Si decido iniciar una nueva actividad (un deporte, un curso, un carrera, una terapia, etc.) las repercusiones simples de las que hablamos pueden tener que ver con que se modifiquen horarios familiares, o se comparta menos tiempo con un amigo. Aunque también haya otras más profundas a más largo plazo.
Si decido darle menos (o más) importancia a la limpieza o a la planificación de las cosas, o si decido modificar mi alimentación, las personas de mi entorno cercano percibirán mis nuevas actitudes (que ya no limpio tan seguido la cocina, o que ahora voy a todas partes con mi agenda, o que  ya no como carne) y puede que les moleste, o que les guste o que les resulte indiferente.
Si hablamos de un gran cambio personal como puede ser una separación, un cambio de ciudad, o un importante cambio de forma de vida, nuestra familia, por ejemplo, se verá fuertemente afectada.

Cuando decidimos hacer un cambio los demás pueden estar de acuerdo o no. Es posible que alguien no quiera o no pueda acompañarnos en nuestro nuevo recorrido. Entonces será el momento de evaluar si preferimos quedarnos donde estamos o si realmente queremos seguir adelante. 

¿Qué reacciones genera tu cambio en tu entorno? ¿Avanzas en tu cambio aunque no te acompañen? 
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lunes, 2 de agosto de 2010

Los deseos en el tiempo

Quiero lograr esto, y hacer eso, y tener aquello otro. Quiero. Quiero. Quiero.

Hoy te propongo cambiar la dirección del quiero. El quiero se mueve del presente hacia el futuro. La invitación es tomarse un momento para pensar el quiero desde el antes al hoy. 

Explico la idea: Consiste en observar qué cosas que hace un tiempo fueron quiero son parte de mi presente, hoy. A menudo nos centramos en el deseo dirigido al futuro y cuando el futuro llega no tomamos conciencia de los deseos que han llegado. Por eso esta propuesta: 

Quería esto, y hoy es parte de mi vida. 
Quería hacer eso y lo hice. 
Quería tener aquello otro, y lo tengo, o lo tuve durante un tiempo.

¿Eres conciente de todos los quiero de ayer que hoy eres, haces o tienes? 
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miércoles, 28 de julio de 2010

Una parte no es la totalidad

Un comportamiento sobre el que es provechoso poner atención es darle a algo parcial el caracter de totalidad. O como se dice habitualmente Tomar la parte por el todo. Además es algo que solemos hacer sólo con las cosas negativas. 

Podemos decir por ejemplo "Ha sido un día horrible". Es probable que la mayor parte de las cosas que nos hayan sucedido fueran desagradables, pero TODO no. No se trata de ingenuidad, ni de optimismo barato, sino de permitirse la observación de reconocer que el 90 % (o 95% si ha sido realmente horrible) del día fue malo y un pequeña parte fue buena. 

Un uso frecuente es el de generalizar en las habilidades o la falta de ellas. Frases como "Todo lo que hago me sale mal" corresponden a una visión de la realidad que convierte aquello que nos sale mal en la totalidad de las cosas que hacemos. Y no todo lo que hacemos nos sale mal. Lo mismo sucede con expresiones como "Siempre me equivoco" cuando ahora nos hemos equivocado pero en otro momento no. O cuando existe la posibilidad de que en el futuro no nos equivoquemos. Una forma más realista sería algo como "Hasta ahora me he equivocado la mayoría de las veces, pero puede ser que más adelante acierte". Por lo tanto no es SIEMPRE.

Hay muy pocas cosas que realmente sean NUNCA o SIEMPRE.

¿Crees que interpretas una parte como si fuera el todo? ¿Te reconoces en este comportamiento?
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lunes, 19 de julio de 2010

La energía necesaria

Para poder hacer cosas se necesita energía. Cuando queremos realizar un cambio de hábitos o cuando avanzamos paso a paso hacia lo que queremos, necesitamos fuerza, capacidad, energía. Si nos planteamos un cambio en nuestras vidas es importante tener la fuerza para poder llevarlo a cabo. 

¿De donde sacamos esa energía?. De alimentarnos con los nutrientes adecuados, de dormir bien y de hacer lo que nos gusta.

Cada persona sabe qué le da energía y qué se la quita. ¿Cómo te sientes después de hacer algo? ¿Con más o con menos energía? Tus sensaciones son la respuesta:  Después de correr o nadar, por ejemplo, podemos estar cansadas porque la actividad nos consumió un tipo de energía, (que recuperaremos con una  buena comida y un buen sueño) pero al mismo tiempo puede que nos sintamos bien porque nos aportó otra: entusiasmo, alivio de stress, etc.

Puede ser una actividad física, artística, creativa. Tal vez es una comida compartida, unos minutos de juego o conversación con alguien, caminar, mirar la puesta de sol. Puede ser más simple: tomar el café en la taza que nos gusta, escuchar nuestro programa de radio habitual, regar las plantas. Para alguien será meditar o hacer yoga cada mañana, para otros, el placer de una ducha tibia o una tostada con miel. Sea lo que sea, qué cosas de las que nos aportan energía, estamos haciendo para obtener el combustible que requiere un trabajo de cambio

Planeamos qué queremos hacer, qué queremos cambiar o a dónde queremos llegar. Pero no siempre nos planteamos de dónde sacaremos la energía para hacerlo.


¿Qué cosas te dan energía? ¿Con qué frecuencia realizas aquello que te da energía?
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lunes, 12 de julio de 2010

Detrás de las decisiones

Estar en un sitio significa no estar en otro. Realizar una actividad en un momento dado significa no hacer otra actividad en ese momento. Sin embargo en algunos casos actuamos como si no fuera así.

Queremos algo nuevo sin deshacernos de lo viejo. Queremos algo sin las consecuencias que implica. Esto sucede especialmente con los deseos de cambios que nos resultan difíciles. Nos cuestan porque queremos el cambio pero no queremos perdernos el beneficio que nos aporta no cambiar. 

Si quiero levantarme más temprano que de costumbre -o incorporar la costumbre de levantarme más temprano- implicará acostarme antes o dormir menos horas. No puedo levantarme antes y no modificar la hora en la que me acuesto ni la cantidad de horas que duermo. Una decisión trae aparejadas otras. Este ejemplo es muy simple, pero por eso es evidente.
Si decido tener más espacio libre en mi casa, necesitaré tener menos cosas o  una casa más grande
Si quiero modificar mi peso, implicará modificar mi alimentación y/o mi actividad física.

Si queremos fervientemente algo, actuar en consecuencia significará aceptar lo que trae aparejado.


Supongamos que deseo dedicar más horas de la semana a estudiar (o a hacer jardinería o a lo que sea) pero no estoy dispuesta a modificar en nada el tiempo ocupo en otras cosas.  Parece tonto porque es muy simple. Seguramente en muchas de las decisiones que tomarmos estamos de acuerdo en todo lo que implica. Pero hay aspectos en los que nos cuesta mucho más y pretendemos que sea posible estar en un sitio y en otro a la vez.

Toda elección implica una pérdida. Tal vez el truco sea no ver esa pérdida como algo negativo (recordemos que estamos hablando de un cambio voluntario) sino como lo que estamos dispuestas a soltar para alcanzar lo nuevo.

¿Aceptas las consecuencias de tu deseo de cambio? ¿Cómo vives tus decisiones?   
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lunes, 5 de julio de 2010

¿Cómo te presentas?

Si alguien te pidiese que te presentaras ¿Cómo lo harías? 
Un ejercicio que a veces planteo es escribir una presentación de uno mismo.

Si quieres hacerlo, escribe ahora tu presentación y  sigue leyendo cuando la hayas terminado.

Luego propongo leerla considerando las siguientes observaciones:
  • Qué datos personales hemos incluído (nombre, apellido, edad, etc )
  • Si hemos mencionado la ocupación o profesión
  • Si damos información sobre cosas que nos gustan o que no nos gustan
  • Si referimos vínculos de parentezco (ejemplos: hija de tal y tal, casada, con dos hijos, cuatro hermanos)
  • Qué verbos hemos utilizado (si es que hemos utilizado alguno)
  • Pensar qué partes de lo escrito se refieren a cómo sentimos que somos y qué partes tiene que ver con cómo queremos que otros crean que somos.
  • ¿Hemos hecho alguna referencia a emociones?
  • ¿Es una presentación de nosotros ahora o incluye información de varias etapas de nuestra vida?
Por supuesto una presentación para una situación real siempre se adaptará a las expectativas de las circunstancias. Este es simplemente un interesante ejercicio de autoconocimiento y observación que  utilizamos en algunos talleres de azul lunar. Su finalidad es permitirnos notar qué nos pareció relevante mencionar y qué no. Generalmente al presentarnos nos referimos a aspectos que queremos que los demás nos atribuyan o que suponemos que el interlocutor desea saber y dejamos de lado aquello que sentimos que realmente somos.

¿Qué crees, nos presentamos o hacemos una representación de nosotros mismos adaptada lo que el otro espera?
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lunes, 28 de junio de 2010

Se hace camino al andar

Cuando seas grande, cuando termines la carrera, cuando llegues, cuando logre bajar de peso, cuando aprenda bien la técnica, cuando gane X dinero, cuando me enamore...  ¿y mientras?

La mayor parte de la educación que recibimos nos moldea para permitirnos la gratificación sólo al llegar al final del camino. Sólo si llegamos, sólo si lo logramos, sólo si ganamos, podemos alegrarnos. ¿Y si no?

Recorrer el camino hacia algo es lo que nos sucede permanentemente, incluso si no sabemos hacia dónde nos dirigimos.  El esfuerzo, la aventura, el cansancio, la experiencia, la curiosidad, el goce de ir paso a paso por el camino es algo que lleva tiempo, la mayor parte del tiempo. La llegada es sólo un instante. Entonces, ¿por qué reservar el disfrute sólo para ese instante, que ni siquiera sabemos si llegará? 
Me parece muy bien alegrarnos de conseguir algo que deseábamos. Pero soy de la idea de que el recorrido también es importante (¿tal vez lo más importante?)  Por eso es interesante que andarlo nos signifique algo, o nos gratifique de algún modo, nos de alegrías, serenidad o placer de aprender. 

Vivimos en un mundo que adora el resultado -especialmente si es inmediato- y desprecia el recorrido. Pero yo creo que la vida es más un recorrido que un resultado.

¿Disfrutas el camino, el paso a paso? ¿O esperas con ansiedad el logro que te hará feliz?
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lunes, 21 de junio de 2010

El lado oscuro

Somos como somos, no como nos gustaría. La imagen que tenemos de nosotras no siempre coincide con como somos en realidad. Esto puede llevar a que haya partes o actitudes nuestras que preferimos no ver porque no se acercan al ideal que tenemos o buscamos ser. 


Pero lo que somos incluye lo que nos gusta de como somos y lo que no. ¿Y qué hacemos con lo que no nos gusta?



Si construimos una imagen ideal de la persona que queremos (o creemos) ser y constantemente ignoramos, desestimamos o barremos bajo la alfombra aquello que no encaja con lo que buscamos, estamos dando la espalda a una parte que aunque nos desagrade nos pertenece. 

Todos tenemos un lado oscuro. Deseos que preferiríamos no tener. Comportamientos que consideramos indignos o actitudes despreciables. Debilidades. Emociones negativas. Facetas de nuestra personalidad que nos angustian o enojan. Probablemente deseemos no vivir ese lado oscuro, o lograr modificarlo. Pero ignorarlo no es el camino. Observarlo y aceptarlo como una parte más del todo que somos puede abrirnos una puerta hacia el autoconocimiento.

Sólo podemos vivir con plenitud desde lo que somos, no desde la imagen ideal de lo que pretendemos ser.

¿Cómo te relacionas con tu lado oscuro?
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lunes, 14 de junio de 2010

A las mujeres no les gusta el fútbol

A las mujeres no les gusta el fútbol.  Hoy hablamos de los tópicos, las frases hechas, los conceptos que se dan por obvios como si fueran la ley de gravedad. Vivimos rodeadas de ellos sin cuestionarlos casi nunca. 
Pero... ¿alguna vez nos hemos preguntado si para nosotras es así? ¿O lo hemos incorporado como cierto a base de escucharlo una y otra vez?  
Hay suposiciones que son sostenidas por buena parte de la sociedad, y otras de creación propia ( No tengo mano para la cocina, Soy una persona solidaria, Mi lugar favorito de vacaciones es la playa, El color azul no me favorece...). Vamos con ellos por la vida. Pero podemos cuestionarlos, pensar si se nos aplican o no. 

Te propongo un ejercicio:

Piensa un tópico general acerca de las mujeres, el primero que se te ocurra. Respira. Exhala lentamente. Ahora pregúntate si en tu caso es cierto. Si habla de tí. Si te representa tal cual eres, o en algunos casos sí pero en otros no. (Por ejemplo retomando el tópico del título: Tal vez te guste el fútbol, tal vez no. O antes no te interesaba y ahora te encanta. Puede que a una mujer le sea indiferente, otra lo deteste, y a una tercera le emocione).

Ahora piensa algo que dicen de tí en tu familia. ¿Cuál es tu opinión? ¿Sigue siendo así, alguna vez lo fue?

Y para terminar puedes hacer lo mismo con una cualidad que tú misma piensas o dices de tí. ¿Realmente crees que es así? ¿Es una idea propia o siempre has supuesto que era cierto porque alguien te lo dijo? ¿Se aplica en todos los casos? (Por ejemplo si piensas Soy un desastre cocinando , tal vez es cierto que los guisos te salen de pena, pero cuando se trata de hacer un postre eres la mejor. O era cierto antes pero ahora a veces te gusta y estás mejorando. O realmente no te interesa la cocina y te es indiferente ser o no buena en eso).

¿Qué te ha parecido el ejercicio?
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domingo, 6 de junio de 2010

El cuento del niño, el anciano y el burro

Mi padre me ha contado muchas veces una historia que le han contado. Te la cuento. Tal vez ya la conoces porque alguien a quien se la han contado te la ha contado.
Un anciano y un niño caminaban arreando un burro. En su camino se cruzaron con un hombre que al verlos les dijo: - ¡Qué tontos! ¿Por qué van caminando teniendo un burro? Tendrían que montar en él-. El anciando reflexionó mientras el hombre se alejaba y siguiendo el consejo subió al niño al burro y luego montó él también.
Continuaron andando hasta toparse con otra persona que comenzó a gritarles apenas verlos: - ¡Desconsiderados! ¡Qué mal les ha hecho el burro para abusar de él de este modo! Sólo puede llevar a uno de los dos... de lo contrario será mucho peso y el animal quedará exhausto-. Con cara de culpa y pidiendo disulpas el anciano bajó del burro.
Avanzaban el niño montado en el burro y el anciano caminando a su lado, contentos de estar haciendo lo correcto, cuando otro hombre, joven y tranquilo se cruzó con ellos. Habló serenamente: -Anciano, has caminado mucho a lo largo de la vida y ya no eres tan fuerte ¿por qué no montas en el burro? El niño te muestra muy poco respeto actuando de este modo-. Así que  intercambiaron la montura. Y continuaron el anciano sobre el burro y el niño caminando a su lado.
Caía la noche cuando una cuarta persona apareció en la penumbra. - Este burro se ve débil- les dijo - No deberían montarlo-. Y se alejó mientras el anciano, dubitativo, desmontaba. 

Hagas lo que hagas siempre te encotrarás con gente que no estará de acuerdo con lo que haces.

¿Intentas satisfacer siempre a todos? ¿Actúas en función de la opinión de los demás? ¿Qué piensas del cuento?
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lunes, 31 de mayo de 2010

La ocasión

El epílogo de un libro de  Manuel Cruz cuenta la anédota de un hombre a quien le habían regalado una botella de un excelente vino. Considerando muy valioso el obsequio decidió reservarlo para una ocasión especial. Habían pasado ya más de treinta años desde que le habían regalado ese vino y todavía no había encontrado el acontecimiento que mereciera abrirlo. 
¿Llegaría algún día? ¿Cómo tendría que ser de especial el hecho para justificar descorchar la preciada botella?

Me pareció una reflexión fascinante. Esperamos que los acontecimientos nos indiquen si son lo suficientemente merecedores de festejo, de nuestro brindis. Pero tal vez es simplemente cuestión de decidir que un determinado momento, sea cual sea, merece ser festejado. Creemos que será tan especial, tan distinto de todo lo que acontece que esperando nos perdemos el vino. 

Pretendemos que algo externo nos indique cuál es la ocasión adecuada. Nos resignamos a esperar y renunciamos a la libertad de elegir. Perdemos de vista que la cuestión está en decidir que un momento dado es especial y en vivrlo como tal. Y entonces bebernos el vino.

¿Encuentras en tu vida ocasiones para brindar?
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